
Quiero existir
Por favor... Existe...
8点∀ Quiero existir.
El niño, convertido en eunuco, llora cada día por algo distinto. Algo que le hace creer que el amor que le corresponde no lo amará porque no podrá tener hijos. Ve a todos felices, sus sonrisas, sus familias, sus risas... y lo absorbe todo como ODIO.
Finalmente, harto, sus lágrimas... se convierten en cuchillos que le cortan el rostro al correr por sus mejillas. Al verlo llorar, nadie lo percibe como tristeza, sino como lástima, como si no debiera enojarse porque es el plan de Dios. Cuando la frecuencia de las risas lo golpea, las lágrimas se activan. Comienza a usar sus lágrimas para verter en el agua su mezcla de sal, hiel y cuchillos. Comienza a asesinar familias. Comienza en los lugares más importantes para ellas.
Finalmente, Dios ve su furia y le presenta a una mujer, alguien que lo ve por quien realmente es y no por lo que le han hecho creer que es.
Ella sabe en secreto que él está matando a todos en la aldea, pero no dice nada y así encuentra consuelo en él. Con el tiempo, él termina matando a sus padres porque dicen que ya no puede verlo, pues saben lo que significan. Antes de que ella pueda decirle que no le importa lo que digan, ya están muertos por el simple hecho de saber que todo le impide ser feliz. Ella sabe que fue él por la biopsia del jefe de la aldea.
Entonces, ella lo odió, pero debido a esto, Dios, al notar su pasión por la mujer, lo impulsó a perseguirla. Finalmente, ella se hartó y le mostró que tampoco tenía intimidad. Que tampoco podía tener hijos, ¿cómo podría un hombre amarla? Rompió a llorar y, en ese momento, las lágrimas que corrían por sus mejillas la lastimaron. Él la vio y gritó a Dios, llamándolo basura y profiriendo todos los insultos imaginables.
Dios lo notó y le concedió un jardín propio. El hombre, sorprendido, apartó la mirada rápidamente, como si no hubiera visto nada en ese instante. Ella percibió que el hombre tenía una especie de poder sobre Dios, lo cual la dejó atónita. En cuanto se dio la vuelta, rompió a llorar con más fuerza, y sus ojos, convertidos en cuchillas, volvieron a desgarrarle el rostro...
Se secó las lágrimas, pero le cortaban las manos; intentó limpiarlas de su ropa, pero le desgarraban la piel. Se cortaba a propósito, gritando sin cesar. Cuando por fin se cubrió, notó que el chico lo había visto y por eso se había dado la vuelta. Se sintió fatal, se acercó al hombre y le dijo que dejara de llorar. Le dijo que todo aquello debía de haber ocurrido por alguna razón.
El niño dejó de llorar de repente al mirarla a los ojos; y comprendieron... algo... En esa sola mirada, supieron que estaban destinados a estar juntos. —Y al crecer, sus cicatrices permanecieron, pero la historia grabada en sus corazones sería eterna.
El poder reside en los números
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