
Buda H
Nos aferramos a ellas con la esperanza de que algún día no tengamos miedo de que no lo haga.
8 puntos Budda H
¿Adónde van los juguetes al final del mundo?
—y dispositivos móviles para comunicarse...
En un reino al que han renunciado y abandonado todas sus posesiones terrenales; ¿para qué aferrarse a ellas si el mundo va a acabar y explotar...?
Nos aferramos a ellas con la esperanza de que algún día no tengamos miedo de que no lo haga.
En el fin del mundo, vi a un chico que mantenía su ouija oculta. Guardaba sus marcadores e incluso entonces comprendía por qué debía mover la planchette. El chico del brazo maldito la movía sola, de forma tan repentina que se movía por sí sola.
Se basaron en ello y trataron de mancharlo, tal vez para añadir a la idea de que estaba diciendo algo en un idioma diferente y no solo intentando comunicarse en inglés.
Sin embargo, los escritos parecían garabatos.
Incluso al final del mundo, deberíamos acostarnos con cuantos queramos, pero no por nosotros mismos, porque sabíamos que existía una posibilidad de redención, una salvación, si permanecíamos fieles a nuestras creencias, ya que muchos se habían apartado del camino del verdadero Buda. Por eso, quienes veían a este personaje como Buda no reconocieron a Siddhartha, pues estaba disfrazado de otro que se uniría a sus filas.
En este contexto, Zerofuko lideró una rebelión contra los fabricantes de juguetes y dispositivos electrónicos, preguntándoles: "¿Qué harán con estos juguetes y dispositivos si van a destruirlos antes del fin del mundo?". Afirmaron que quemarían las ideas y notas telefónicas de verdaderos emprendedores y artistas, robarían sus escritos y se apropiarían de los juguetes de los niños, perdiendo así la esperanza de vivir. Debemos recuperar aquello que nos brindaba alegría, arrebatándoselo a quienes nos vendieron una alegría que nunca fue verdadera ni nos dio paz.
Así que se rebelaron, y muchos se sometieron a Zero, y, en la medida de lo posible, la rebelión fue lo menos violenta posible, ya que los reinos se fusionarían. La rebelión fue como desenvolver regalos de Navidad y devolverlos a quienes les pertenecían. Desenvolverlos con cuidado para no romper nada, caminando, no corriendo; algunos corrían para agitar sus propios males internos, reflejados en ellos, y luego llevarlos hacia otros poseídos. Entonces, la persona que lo hacía salió y comenzó a gritar preguntando por qué se hacía aquello.
Entonces, la hija de la persona que tenía los juguetes se acercó a él y, al darse cuenta de lo que había hecho, rompió a llorar porque ella se había quedado con sus juguetes... así que le arrojó uno y él jamás escapó de los males del samsara. Sin embargo, se vio obligado a intentarlo siempre con la falsa esperanza de que la historia que presenció se hiciera realidad.
Donde todo es arena que hay que tamizar, y así, en este reino, el propio Buda, Siddhartha, permanece en meditación mientras termina su obra maestra dibujada con arena y rocas de colores y vuelve a empezar.
Quizás después de la película, durante los créditos finales, mientras él toma un sorbo de té y, una vez terminado, coloca una nueva roca en el centro.
El poder reside en los números
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